Usted está aquí

La discriminación al trabajo doméstico es una discriminación a todas las mujeres

En Guatemala no se ha aprobado el Convenio 189 y las trabajadoras domésticas sufren todo tipo de discriminaciones. En Paraguay el trabajo doméstico ha tenido un gran avance con una ley promulgada en 2015, pero la parte empleadora tiene la obligación de pagar solamente el 60% del salario mínimo legal. En Uruguay se han logrado grandes mejoras, pero las que sufren discriminación son las trabajadoras inmigrantes. En Brasil se han organizado y han salido adelante, pero aún falta mucho.

“Feminismos ante los desafíos actuales del trabajo doméstico remunerado. Situación actual del empleo doméstico, desafíos y estrategias posibles para la igualdad” fue el nombre que se le dio a un espacio de debate entre referentes de organizaciones sindicales de trabajadoras domésticas y feministas. La actividad fue organizada por el Centro de Documentación y Estudios (CDE, Paraguay), Sos Corpo (Brasil) y Cotidiano Mujer (Uruguay) en el marco del 14° Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLAC).
 
Participaron Lourdes Rossina Salguero y Miriam Amanda Elías de Barreda, de la Asociación de Trabajadoras del Hogar, a Domicilio y de la Maquila (ATRAHDOM) de Guatemala; Graça Silva, Federaçâo Nacional das Trabalhadoras Domésticas (FENATRAD) de Brasil; Librada Maciel, del Sindicato de Domésticas de Itapúa (SINTRADI) de Paraguay; Myriam Agüero, del Sindicato de Trabajadoras Domésticas del Paraguay Legítimo (SINTRADOP-L) y Laura Rivero, del Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas (SUTD) de Uruguay.
 
“Necesitamos que las organizaciones feministas apoyen con cartas dirigidas a las autoridades para la ratificación del Convenio 189 en Guatemala”, pidió Miriam Amanda Elías.
 
Myriam Agüero, de SINTRADOP-L, y Librada Maciel, de SINTRADI, destacaron la importancia de trabajar de manera conjunta con organizaciones civiles de mujeres, feministas y de Derechos Humanos.
 
“Desde el feminismo se dice que las tareas domésticas se deben repartir en la familia. Pero, desde que la mujer salió a trabajar afuera, en el hogar se necesitó ayuda. ¿Quiénes hacen esa ayuda? La pregunta es: ¿Qué hacemos para que la mujer no tenga una doble jornada? “A la trabajadora doméstica remunerada, ¿quién le hace la tarea doméstica para no tener doble jornada en su casa?”, reflexionó una de las participantes.
 
“El primer desafío que tenemos como feministas es fortalecer la organización de las trabajadoras domésticas”, dijo Lilian Celiberti, de Cotidiano Mujer.
 
“Para las mujeres es imposible pensar el fin de la discriminación mientras exista la discriminación al trabajo doméstico. Algunas mujeres desviaron su propia discriminación hacia otras mujeres más vulnerables, menos protegidas, más pobres, con una larga historia de exclusión; con una intersección de discriminaciones de raza, de origen, de educación. Como feministas, es nuestro imperativo trabajar por eliminar esas discriminaciones y valorizar el trabajo doméstico remunerado y no remunerado como imprescindible, sin el cual no existiría la sociedad humana. Debe tener reconocimiento en términos económicos, de derechos y de acceso a otros derechos que hacen parte de la economía social”, dijo Clyde Soto, del CDE.
 
“Lo que planteo es que el trabajo doméstico es incluso más importante que producir clavos, papel, etc. Porque se trata del cuidado del espacio donde viven los seres humanos y del cuidado de los propios seres humanos. Nosotras tenemos que hacer un cambio”, concluyó.