El difícil camino hacia la igualdad de género en Paraguay

Resolución del Ministro de Educación ordena retirar todo material sobre teoría de género del sistema educativo público. Ojalá mas temprano que tarde se comprenda, mayoritariamente , que no hay paz social sin reconocimiento de derechos. Y que los derechos no son solo para algunos, sino para todas las personas.

Enrique Riera, Ministro de Educación de Paraguay, firmó el pasado 5 de octubre una resolución ministerial “por la cual se prohíbe la difusión y utilización de materiales impresos como digitales referentes a la teoría y/o ideología de género en las instituciones dependientes del Ministerio de Educación y Ciencias”. El ministro fue a una audiencia pública, organizada por grupos religiosos, y dijo que estaba dispuesto a “quemar los libros en la plaza” con las organizaciones pro-vida para garantizar que los contenidos de género no lleguen a las aulas. Al respecto, Lilian Soto, investigadora del Centro de Documentación y Estudios, escribe su opinión.

La resolución de Riera ordenando retirar todo material sobre teoría de género del sistema educativo público como corolario inicial de la arremetida fundamentalista actual, y el debate alrededor de este hecho, develan las debilidades de un Estado que sucumbe fácilmente ante la ignorancia, la prepotencia y los afanes electoralistas, así como la dificultad para el pensamiento crítico en nuestra sociedad. Nos muestran además los difíciles obstáculos para la igualdad de género que aun existen en Paraguay.

La fragilidad de las instituciones estatales en sus compromisos y políticas públicas se hace patente cuando  22 años después de la puesta en marcha del PRIOME (Programa Nacional de Igualdad de oportunidades y Resultados en la Educación) incorporando la perspectiva de género en la educación, un ministro que indudablemente desconoce los aspectos básicos de la teoría de género pretende borrar  todo el trabajo desarrollado durante más de dos décadas. Y lo hace de una manera burda y grosera, hablando de quema de libros en una audiencia pública convocada por una parlamentaria fundamentalista en campaña electoral, y firmando una resolución  absurda donde ni siquiera se identifican los textos  a ser retirados del currículo escolar.  Estos hechos muestran la extrema vulnerabilidad de una institucionalidad pública que se desmorona ante grupos vociferantes anti derechos. Enarbolando falsedades, extremistas ultra conservadores arrodillan a una autoridad pública hasta el punto de hacerle tirar por la borda más de 20 años de trabajo de equipos de la entidad  que dirige.

La flaqueza institucional sin duda está  potenciada por una buena parte de la sociedad que ha sido permeable al discurso de odio propagado y está hoy convencida de que debatir sobre género es enseñar a niños y niñas a ser homosexuales, lesbianas o trans, aunque nadie haya podido exhibir un solo material didáctico escolar que diga tal cosa. Y muchas de quienes se expresan en contra de la teoría de género son mujeres, posicionándose así en contra de su principal instrumento de liberación.

Y es necesario decirlo con claridad: la teoría de género es el instrumento teórico que hace posible que hoy las mujeres tengamos derechos. Sus categorías y proposiciones describen, analizan y explican las relaciones de poder entre las personas basadas en el sexo, esas relaciones causantes de la exclusión y subordinación femenina por siglos, confinándonos al espacio doméstico y reproductivo, excluyéndonos del ámbito productivo y público, diciéndonos qué podíamos hacer y qué no, impidiéndonos votar y administrar nuestros bienes, permitiendo que nos paguen menos por igual trabajo, minimizando el acoso sexual e invisibilizando la violencia que a diario vivimos  por ser mujeres. Están apuntando al corazón de nuestra emancipación. Y lo hacen con mentiras gruesas y crueldad.

Los sectores de la ideología del odio son crueles ante todo lo que no responde a sus modelos imaginarios de vida, hasta el punto de atacar a las familias que no son como las que existen en sus pensamientos homogeneizadores. Y son crueles cuando evitan la educación en sexualidad en la escuela pública, a la que acuden las niñas de los sectores más excluidos en cuyos cuerpos se inscribe la terrible estadística de 2 de ellas dando a luz diariamente, como resultados de abusos que en gran medida son causados por el desconocimiento. Su crueldad no se detiene aunque vean que los resultados de su discurso lleva  incluso a la muerte, como sucede con las mujeres trans asesinadas en la vía pública  solo por el hecho de tener una identidad de género que no condice con la idea que esos sectores  tienen de ” normalidad”.  Y además mienten cuando dicen que la enseñanza sobre género impone algún tipo de ejercicio sexual a niños y niñas porque lo que brinda esa enseñanza son los instrumentos para identificar las relaciones de desigualdad basadas en el sexo biológico.

La teoría de género no enseña a ser homosexual, lesbiana o transgénero. Enseña que el cuerpo de la niña no es propiedad del varón, que no la pueden tocar si ella no quiere, que puede vestir el color que le guste, que su misión no es reproducirse y someterse, que puede parir y criar si ese es su deseo, y hay que proteger ese derecho, pero que la maternidad no es su único destino. Y enseña también que la niña y el niño tienen iguales derechos, que las aptitudes y habilidades no dependen del sexo, y que hay personas con orientaciones sexuales e identidades de género diferentes y no por ello deben ser discriminadas ni violentadas.  Y esto es lo que un niño o una niña debiera  poder recibir como valores en el sistema educativo público: empatía, respeto, solidaridad, valoración de las personas independientemente de su exterior y de a quienes aman. La teoría de género enseña a no odiar, a no discriminar. Enseña la no violencia, la igualdad.

Lo que hoy estamos viviendo evidencia el largo camino que aun tiene por delante nuestra sociedad para hacer suyos el pensamiento y la práctica de la igualdad y la no discriminación. Ojalá mas temprano que tarde se comprenda, mayoritariamente , que no hay paz social sin reconocimiento de derechos. Y que los derechos no son solo para algunos, sino para todas las personas.